¡¡El rostro del puño es de todas nosotras!!

EL ROSTRO DEL PUÑO ES DE TODAS NOSOTRAS
¡AUTODEFENSA!

Por: Colectivo Desordenadas

Manos arriba esto es un atraco, que me den lo que en siglos me quitaron
Tiros al aire, que no se asuste nadie, presencia de mujeres saliendo a las calles…

Desde que nacimos nos han impuesto cómo comportarnos, cómo vestirnos, lo que tenemos que callar, las decisiones sobre nuestro cuerpo; lo que me tiene que causar placer, lo que me tiene que causar dolor, me han impuesto la heterosexualidad obligatoria, la monogamia… y en tanto no cumplo con todas estas reglas me llaman puta, perra, zorra, loca, marimacho, lesbiana, bruja… mala mujer.

A partir de éstas experiencias, y desde hace casi dos, años se abrió un conjunto de posibilidades que generaron una lucha colectiva, primero desde nuestro ser mujer para después pasar a una lucha para todas y por todas. Nos planteamos la necesidad de recuperar nuestra autonomía corporal sin esperar la intervención del Estado ni de otros mecanismos de apoyo a la mujer, que sólo promueven la victimización, la vulnerabilidad, la resignación y la culpa.

Nosotras pensamos otra forma de lucha que verdaderamente nos dignifique; por ello tomamos como primera vía la autodefensa feminista que no consiste únicamente en aprender una serie de técnicas físicas para defendernos de las agresiones en casa, en el trabajo, o en las calles. En ese sentido, consideramos que la autodefensa feminista es mucho más que eso: es fuerza colectiva, solidaridad entre mujeres y acción directa contra las violencias, desde la más sutil y cotidiana hasta la que nos mata puesto que todos los tipos de violencia contra las mujeres pertenecen a una lógica patriarcal que nos considera débiles, inferiores, sumisas, objetos etc., por lo tanto, merecedoras de todo tipo de humillaciones, atacables, violables.

Desde siempre la guerra política, económica y cultural del patriarcado ha bombardeado la lucha de las mujeres, no sólo con el control masculino de la sexualidad femenina, también con sus códigos; porque su orden simbólico se remite a las instituciones, religiones, parlamentos, estados, tribunales, los ejércitos. Sin embargo, muchos grupos feministas radicales han dado batalla y se han enfrentado dignamente, como las Mujeres Zapatistas, las células revolucionarias Rote Zora, el movimiento SCUM y el movimiento Riot Grrl, entre otros.

Tenemos en claro el camino minado, caminamos sin miedo y conociendo los riesgos, los prejuicios morales, los estereotipos, las opiniones sin fundamento, los ataques personales, la discriminación y exclusión política que han utilizado contra nosotras a través de métodos de intimidación, de la misma forma que el Estado los utiliza contra los movimientos sociales.

Después de meses de compartir los talleres con mujeres de todas las edades y en diferentes lugares del estado de Oaxaca, hemos tejido una hermandad, una complicidad de saberes, deseos femeninos, miradas colectivas y rabia generalizada, de donde hemos sacado la fuerza; esa fuerza que expresamos con el puño y la cabeza alta, un puño simbólico que nos representa a todas nosotras, que significa actuar de frente, hablar nuestro propio lenguaje.

En el transcurso de estos talleres son pocas las personas que nos han apoyado. La mayoría de los espacios culturales y alternativos, grupos y colectivos han estado indiferentes ante el proyecto e, incluso, nos han cerrado las puertas de sus espacios privados y nos han estorbado en nuestra lucha.

Nos ofende ver cómo en la práctica los movimientos sociales se han preocupado por otras causas consideradas más importantes -como la lucha contra el capitalismo, las reformas laborales, sindicales, educativas y políticas- pero nunca por la lucha antipatriarcal. Y esto se debe a que su lucha es una lucha dirigida por hombres, sostenida por ideologías patriarcales que no cuestionan la opresión de las mujeres; los líderes o machos alfa se llenan la boca hablando de los derechos de las mujeres y de feminismo, al tiempo que siguen legitimando el lenguaje machista y su posición de poder para no perder sus privilegios. Los hombres andan, deambulan como deficientes con reflejos condicionados, incapaces de actuar como ellos quisieran; están sometidos a su virilidad, ¿cómo el hombre puede llevar a cabo una genuina revolución social si son ellos quienes se hallan en las altas posiciones del poder y allí desean permanecer para sólo satisfacer sus necesidades apetitivas?

Si pretendemos la destrucción total del sistema basado en el trabajo y en el dinero, tenemos que destruir el sistema de relaciones basado en la dominación del hombre sobre la mujer. Basta de espectáculos revolucionarios, basta de la farsa rebelión que somete a las mujeres al sacrificio de sus vidas por la libertad de los hombres, basta de líderes y mesías que dirigen movimientos mientras que en sus casas humillan y asesinan a millones de mujeres.

¡La calle y la noche también son nuestras… libre de agresiones… ninguna agresión sin respuesta!

La autodefensa contra el patriarcado

La autodefensa que practicamos las mujeres es primero antipatriarcal y no consiste únicamente en aprender una serie de técnicas físicas para defendernos de las agresiones tanto en casa, trabajo o en las calles. La autodefensa es mucho más que eso: es empoderamiento; solidaridad entre mujeres, acción!.

Existen muchas formas de violencia hacia las mujeres, desde la más sutil y cotidiana hasta la que nos mata, las cuales forman parte de la misma lógica patriarcal que nos considera objetos, débiles, inferiores, sumisas, etc., por tanto atacables, violables, merecedoras de todo tipo de humillaciones. Como, evidentemente, rechazamos esas definiciones que nunca fueron nuestras, lejos de victimizarnos, nos reconstruímos y redefinimos como mujeres fuertes y dignas que se defienden y que no se dejan intimidar, viviendo nuestras vidas como deseamos y no como nos imponen. Queremos ir tranquilas por las calles y estar tranquilas en nuestras casas, en todos los espacios, sean públicos o privados. Y queremos animar a otras mujeres a que se sientan también seguras, defendiendo su espacio personal y respetando sus propios límites, tanto físicos como emocionales. Para ello compartimos experiencias y habilidades, aprendemos juntas y nos apoyamos mútuamente, puesto que la solidaridad es una de nuestras mejores armas.